POR QUÉ LAS DIETAS NO FUNCIONAN

Rosa Tugores

Rosa Tugores

Contenidos del artículo

¿Cómo te relacionas con la comida?

En este artículo voy a tocar un tema delicado y profundo: cómo nos relacionamos con la comida. ¿Por qué no hay una dieta que funcione?

Porque comer bien va más allá de elegir una determinada dieta, y tiene mucho que ver con tu forma de entender y valorar el acto de alimentarte.

Así que ¡vamos allá!

¿Por qué las dietas no funcionan?

Cuando digo que las dietas no funcionan me refiero más al largo plazo, ya que a corto plazo sí que pueden funcionar.

Normalmente, cuando una persona pasa de la comida digamos, convencional, del supermercado, sin conocimientos ni pautas orientativas, a comer siguiendo un plan, suele mejorar, porque la mayoría de los planes dietéticos contemplan una serie de mejoras:

  • Evitar la comida basura y procesada.
  • Reducir o eliminar el azúcar, la bollería y los refinados.
  • Reducir o eliminar alcohol y bebidas recreativas.
  • Incluir una ración de verduras frescas en las comidas principales.

Sin embargo, pasado un tiempo pocas personas logran mantener la dieta y acaban volviendo a sus viejos y malos hábitos. ¿Por qué tan pocas dietas funcionan en el largo plazo? 

Muy sencillo: casi ninguna mejora tu relación con la comida. Todas dan pautas, porcentajes, trucos, recetas, etc, pero pocas trabajan la relación que estableces con el alimento, que en el fondo es la clave de todo. 

¿Cómo vas a nutrirte bien si no tienes una buena relación con la comida y con el acto de comer? Sería como pretender que un matrimonio entre dos personas que se llevan mal o no se comprenden funcione fantásticamente.

POR QUÉ LAS DIETAS NO FUNCIONAN 1

Al igual que una relación no funciona sólo por haber contraído matrimonio, comer bien no consiste en “comprar” una fórmula, dieta, sistema, programa o ideología, y ya está, solucionado, este tema ya funciona en automático. 

Consiste más bien en hacerte con un conjunto de recursos, herramientas y conocimientos y aprender a elegir, entre todos ellos, el que necesitas en cada momento. Y para poder elegir bien necesitas conocerte a ti mism@ y aprender a escuchar tus necesidades globales (físicas, emocionales, mentales…). 

Comer no es un acto intelectual

  • Comer es un placer, y en ese sentido es un acto sensorial y sensual, que tiene que ver con el principio femenino de cuidar, nutrir y proteger, pero no desde la lucha o la fuerza, sino desde la relajación, la escucha, la ternura y la comprensión. 
  • Comer es algo orgánico, no mental ni racional. Tiene que ver con el cuerpo, con las sensaciones físicas, con el placer y con las emociones, no con lo que tú y los expertos opinéis sobre lo que es una alimentación sana. 
  • Alimentarse es un acto de amor y de conciencia, por eso no funciona si te lo auto-impones a la fuerza. En realidad es algo muy profundo, ya que no se trata sólo de nutrir el cuerpo físico, sino de cubrir tus necesidades globales, de todo tu ser.
  • Ninguna dieta funciona para siempre: hay que tener mucha flexibilidad, intuición y apertura para irla adaptando a tus circunstancias de cada momento, que van cambiando constantemente.

Por tanto, si comes muy sano y equilibrado, tratando de ajustarte al concepto que tienes de comer bien, porque te lo han dicho, porque lo has leído, porque tal o cual experto opina que es lo mejor, pero no sientes placer y no sabes escuchar lo que tus cuerpos necesitan en cada momento, a la larga desistirás de tu intento. 

Y es que alimentarse bien siguiendo unas ideas o conceptos teóricos no es posible: hay que hacerlo según las necesidades más profundas, instintivas, de mis diferentes cuerpos. ¿Mis cuerpos? ¿Tengo más de uno? Pues sí, tienes más de uno: está el cuerpo físico, el mental, el emocional y el espiritual. Y cada uno tiene unas necesidades distintas. 

Ejemplo: Racionalmente sabes que comer azúcar o beber alcohol no es sano, pero en estos momentos estás muy tens@, o triste, o simplemente has trabajado muy duro esta semana y sabes que tomarte un trozo de tu tarta favorita o beberte una cerveza te va a sentar de cine ¿a que sí? ¡Claro! ¿Es sano el alcohol o el azúcar para tu cuerpo físico? Rotundamente no. Sin embargo, el cuerpo físico es el vehículo de los cuerpos mental y emocional, que en esta situación concreta están tensos y necesitan relajarse, por eso es adecuado tomarte esa ración de alcohol o azúcar, porque el resultado final, global, será beneficioso para ti. 

Este es un ejemplo de cómo los distintos cuerpos pueden tener necesidades totalmente opuestas en un momento dado, y hay que saber elegir lo que es mejor globalmente, en conjunto. 

Claro que si usas el alcohol o el azúcar todo el tiempo para relajarte, al final tu cuerpo físico acabará enfermando, pero puntualmente y en su justa dosis pueden ser una ayudita desde el punto de vista emocional y mental. 

Otro ejemplo: Empieza la semana y va a ser dura, tienes mucho trabajo por delante y necesitas concentración para rendir y lograr los resultados que te has propuesto. Pero te sientes algo descentrado, porque este finde has ido a una fiesta y bebiste algo más de la cuenta, además te encanta el dulce y te tomaste tres trozos de tarta. 

Te sientes fuera de tu centro porque has comido alimentos extremos que dilatan y dispersan tu energía vital, y físicamente desmineralizan, debilitando tu sistema nervioso. ¿Qué hacer? ¿Cómo apoyar tu momento vital desde la alimentación? 

Esto se soluciona con un buen caldo de verduras o una buena sopa de miso, que rápidamente te reconstituyen y reponen los minerales perdidos. Y en la comida de ese día puedes tomar una ración de arroz integral, el cereal que rápidamente regulará tu energía, volviéndola al centro. En este caso hemos priorizado las necesidades del cuerpo físico, que al centrarse y recuperar las fuerzas consigue que tu cuerpo mental también se centre y logre focalizar toda su atención y energía en el trabajo.

Condiciones imprescindibles para comer bien:

De los dos ejemplos anteriores podemos extraer estas dos condiciones:

  • 1. Escucha tus cuerpos y trata de elegir la opción que beneficie al conjunto: Esto puede parecer muy complicado, pero en realidad se trata de relajarse, desdramatizar y sobre todo liberarse de prejuicios y conceptos mentales o intelectuales, aplicando la intuición y el sentido común. Para ello, resulta útil recordar que el cuerpo “sabe”, pide lo que necesita, y nuestro papel es aprender a escuchar e interpretar esos mensajes, para satisfacer las necesidades de cada momento.
  • 2. Además de ser sana y equilibrada, tu comida debe ser sabrosa, debes disfrutar comiéndola: sólo así te relajarás y te sentirás cuidad@ y atendid@, porque estarás hablándole al cuerpo en su lenguaje, y no imponiéndole dietas estrictas, espartanas o simplemente aburridas, que tarde o temprano harán que te rebeles y te lances a consumir alimentos extremos e insanos. 

Me despido con un beso enorme y esperando veros en el Webinario gratuito ¿Cómo me relaciono con la comida?. Aquí te dejo el enlace para inscribirte:

¡Hasta pronto!

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[ Cómo nos relacionamos con la comida ] (Por Rosa Tugores)

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