¡Que viene el otoño!

Rosa Tugores

Rosa Tugores

            Otro verano que se acaba, ya está el otoño llamando a nuestra puerta… ¡y no nos queda otro remedio que abrírsela!

            Todo tiene su lado positivo, y el otoño no es una excepción: temperaturas más suaves que permiten trabajar mejor, hacer ejercicio o simplemente disfrutar de un paseo, noches frescas que facilitan un sueño más reparador, y el espectáculo de nuevos colores en la Naturaleza, con las primeras tormentas que nutren la tierra, sedienta tras las solanas del verano.

            Por otro lado, cierto es también que el otoño es una estación temida por muchos pues, además de traernos días desapacibles y lluviosos, supone la vuelta al trabajo, a la escuela y a las rutinas cotidianas, con sus típicas prisas y agobios.

            Es bastante frecuente deprimirse al afrontar esta época, y aunque ese bajón tiene mucho de psicológico, también hay motivos físicos y energéticos que conviene conocer, y que una adecuada prevención puede hacer más llevaderos.

            El otoño en el hemisferio Norte empieza oficialmente el próximo 22 de septiembre con el equinoccio, cuando el día y la noche tienen la misma duración.

            Antiguas tradiciones creían que ese día, que sólo se da 2 veces cada año, tiene una energía particular que apoya y potencia los cambios y decisiones importantes. Quizá por eso al final del verano tendemos, de forma instintiva, a organizar nuestras agendas y a trazar planes para el resto de la temporada, o hasta la próxima primavera.

            A partir del equinoccio, de forma gradual, los días se van acortando y las noches alargando, por lo que durante todo el otoño el número de horas de luz solar irá disminuyendo progresivamente hasta llegar al solsticio de invierno, el día más corto del año, en el que empieza oficialmente el invierno: este año será el 21 de diciembre.  A partir del solsticio de invierno la duración del día comienza a aumentar de nuevo hasta llegar al siguiente equinoccio, que en el hemisferio Norte marca el inicio de la primavera.

            Por tanto, el otoño es la época más oscura del año, aunque no la más fría. Es un período de gran inestabilidad ambiental, con variaciones bruscas de temperatura y cambios súbitos de la climatología: la típica época en que no sabemos qué ponernos para no pasar frío o calor.

            Desde el punto de vista energético, el otoño se caracteriza por la contracción y condensación progresiva de la energía en la Naturaleza y la mayoría de seres vivos. Esto significa que la energía se recoge, retirándose de la superficie para concentrarse hacia el núcleo vital de los seres vivos, a fin de conservarse durante los meses fríos, en un estado de latencia y acumulación, hasta la próxima primavera.

            Esas tres características, la oscuridad, la variabilidad ambiental y la contracción de la energía, son un reto para nuestro organismo, que en su esfuerzo por adaptarse puede entrar fácilmente en desequilibrio.     Es entonces cuando hacen su aparición los trastornos típicos de esta estación: caída o fragilidad del cabello, cansancio, desánimo, depresión, resfriados, anginas y trastornos digestivos que cursan con descomposición y vómitos, alergias, sinusitis…

            ¿Cómo nos afecta la oscuridad?: La disminución progresiva de horas de luz diurna puede mermar nuestra producción hormonal y afectar a funciones vitales básicas como el apetito, el sueño, la temperatura corporal o la libido, que están reguladas por el hipotálamo, una formación nerviosa ubicada en lo profundo del cerebro.

            El hipotálamo regula la actividad de la hipófisis, una pequeña glándula que, desde su ubicación dentro del cerebro, cerca del hipotálamo, rige todo el sistema hormonal.

            El conjunto hipotálamo-hipófisis es responsable de nuestro nivel energético y nuestro tono vital, y su actividad se auto-regula en respuesta a la duración y alternancia entre la noche y el día: cuantas más horas de luz solar, mayor es su actividad, pero debemos estar al aire libre para que se active este mecanismo.

            De hecho, se ha comprobado que quienes viven en zonas rurales y/o están más al aire libre tienen mayor producción hormonal.

            En verano solemos vivir más de puertas afuera, de manera que es más fácil para nuestro organismo mantener su producción hormonal saludable, y por tanto unas funciones metabólicas óptimas y un buen tono vital. Recordemos que las hormonas son las grandes creadoras de nuestros estados anímicos y energéticos, responsables de la calidad de nuestro sueño, de nuestros niveles de energía durante el día, de nuestra libido y de nuestro humor, por citar sólo algunos.

            Como el urbanita moderno vive y trabaja en ambientes cerrados con luz artificial, su producción hormonal suele ser pobre y su tono vital bajo. Vive desconectado de los ritmos naturales, aunque al menos en primavera y verano, gracias a la abundancia de luz solar y a las vacaciones, su nivel energético mejora. Pero al llegar el otoño muchas personas sienten un brusco descenso de energía, pues tienen que activarse, volver al trabajo y a las obligaciones y funcionar a pleno rendimiento en la estación del año en que el cuerpo pide recogerse y descansar para conservar la energía.

 

            ¿Cómo nos afecta la inestabilidad ambiental?:

Los cambios bruscos y drásticos de temperatura típicos del otoño exigen a nuestro Sistema Inmunitario un esfuerzo de adaptación considerable, que no siempre es capaz de asumir, sobre todo si no lo hemos preparado previamente.

            La variabilidad obliga a nuestro organismo a un auto-ajuste constante, en el que invierte mucha energía. Para ello debe estar centrado y estable, de lo contrario esta auto-regulación se hace muy difícil.

            A continuación vamos a ver el aspecto energético de esta cuestión, y luego daremos las pautas de alimentación, estilo de vida y suplementación necesarias para estabilizar nuestra energía y preparar y reforzar nuestras defensas de cara al otoño.

 

            ¿Cómo nos afecta la contracción energética?: El recogimiento y la condensación de la energía en nuestro núcleo vital no ocurre de la noche a la mañana, es un proceso gradual que se desarrolla a medida que avanza el otoño en su camino hacia el solsticio de invierno.

            Antes de que se inicie esa contracción progresiva hay un período de transición, llamado en la Antigua Medicina China el verano tardío o final de verano, caracterizado por la variabilidad, período que coincide más o menos con el mes de septiembre y parte de octubre. Es un tiempo en el que ya no es pleno verano, pero tampoco otoño, y por tanto se van alternando características de ambas estaciones.

            Precisamente debido a esa alternancia lo que necesita nuestro organismo es centrarse y estabilizarse, para poder hacer frente a la inestabilidad exterior.

            La alimentación y el estilo de vida típicos del verano están bien para esa estación, en la que buscamos refrescar, relajar y abrir nuestro cuerpo para soportar el calor. Los alimentos que da la tierra en verano sirven perfectamente a este propósito: son de crecimiento rápido, ricos en agua y potasio, y por tanto ligeros y depurativos.

            Pero si seguimos tomando alimentos de pleno verano en el verano tardío, cuando ya ha empezado la variabilidad ambiental, pueden debilitar el Sistema Inmunitario, porque mantienen el cuerpo abierto y por tanto impiden estabilizar y conservar la energía.

            Por eso en el mes de septiembre, en las 2 ó 3 semanas previas a la entrada oficial del otoño, debemos cambiar nuestros menús y rutinas para apoyar al organismo en la transición otoñal.

            Si no lo hacemos, seguiremos acumulando frío y líquido de los alimentos estivales en nuestro interior, y cuando llegue de verdad el otoño, con descensos importantes de las temperaturas y con muchas menos horas de luz, nuestro cuerpo se contraerá de forma brusca, expulsando rápidamente el frío sobrante: las mucosas se enfriarán y contraerán súbitamente, condensándose el exceso de líquido y frío y expulsándose hacia el exterior en forma de resfriados, vómitos y/o diarreas. En estos procesos perdemos muchos minerales lo que, unido a la contracción súbita de la epidermis, favorece la caída excesiva o anormal del cabello típica del otoño.

            Claro que en estos procesos están implicados virus y bacterias, pero lo que hacen es aprovechar la debilidad de nuestras defensas y el exceso de yin (frío y humedad) acumulado. Si a esto añadimos la mala calidad de nuestras mucosas, sucias por una alimentación inadecuada, la contaminación del aire y el hábito de fumar, ya tenemos abonado el terreno para la proliferación de infecciones.

 

¿Cómo prepararnos para el otoño?

            ALIMENTACIÓN:

            *Reducir los alimentos y preparaciones que abren, depuran y enfrían el cuerpo, como las frutas, zumos, ensaladas crudas, refrescos y verduras de verano como el tomate, pimiento, berenjena, lechugas, pepinos, calabacines o judías verdes.

            *Reducir la cantidad de agua fría que bebemos, sustituyéndola por agua del tiempo, infusiones y caldos de verduras.

            *Evitar azúcares rápidos de todo tipo: blanco, moreno, de caña, miel… y todo lo que los contenga: chocolate, bollería y pastelería, refrescos y zumos azucarados, golosinas… etc. El consumo de azúcar daña los sistemas nervioso e inmunitario, bajando drásticamente el número de glóbulos blancos (defensas), además de provocar pérdidas importantes de minerales, pérdidas que debilitan nuestros tejidos, huesos, pelo, uñas… Los dulces concentrados dispersan la energía, abriendo el cuerpo y saboteando el proceso de estabilización y condensación energética.

            *Evitar las harinas horneadas, en especial las refinadas (pan, pizza, galletas, tostadas, bollos…) que ensucian en inflaman las mucosas digestivas, debilitando la flora intestinal, nuestra primera barrera defensiva frente a las infecciones.

            *Evitar los lácteos de todo tipo (leche, yogur, mantequilla, requesón, cuajada, queso…), que inflaman las mucosas e inducen la sobreproducción de mucosidades que las atascan y ensucian, favoreciendo las infecciones.

            *Evitar todo tipo de drogas (incluidas alcohol, tabaco, cafeína y teína), que alteran y debilitan los sistemas nervioso, inmunitario y endocrino.

            *Introducir cocciones más largas y calientes, como guisos, estofados, cremas, sopas, y algún frito y/o horneado a la semana.

            *Utilizar con frecuencia raíces como zanahoria, chirivía o boniato, que nos darán dulzor natural, al tiempo que nos ayudarán a calentar y estabilizar el cuerpo.

            *Introducir calabazas, cebollas y toda la familia de las coles, que centran y estabilizan la energía, fortaleciendo los sistemas digestivo e inmunitario.

            *Dar preferencia a las verduras frente a las frutas, porque las verduras dan más calor y fuerza, sin dejar de depurar y limpiar el cuerpo, que es justo lo que necesitamos para entrar con energía en el otoño.

            *Utilizar con frecuencia arroz integral y mijo: el arroz integral es un gran regulador de la energía que estabiliza la temperatura corporal y sana los intestinos, y el mijo es reconstituyente y remineralizante.

            *Los guisos de legumbres son una opción excelente para el otoño, pues limpian los intestinos al tiempo que calientan.

            *El dulce natural de calabazas, boniatos y castañas es ideal para centrar y estabilizar la energía, proporcionando una sensación de bienestar y satisfacción que nos reconforta en los días más desapacibles. Ya sé que las castañas no llegan al mercado hasta el mes de noviembre, pero yo siempre guardo un botecito de castañas secas de la temporada anterior: eso me permite empezar a utilizarlas y disfrutar de sus beneficios desde el principio del otoño.

            *Los caldos y sopas de verduras condimentados con sal marina no refinada también son muy recomendables, pues calientan, remineralizan y alcalinizan, fortaleciendo la sangre y limpiando el cuerpo de ácidos acumulados por los excesos del verano.

 

            ESTILO DE VIDA:

            *Descanso suficiente: no intentar seguir con el ritmo del verano, adaptarse a las nuevas condiciones descansando más y haciendo una vida más tranquila, en la medida de lo posible.

            *Vuelta a las rutinas de auto-cuidado: en verano solemos relajar nuestras costumbres, es lógico que en vacaciones y con buen tiempo nos apetezcan otras actividades y es liberador romper con la rutina. Pero en otoño es ya el momento de recuperar los buenos hábitos de ejercicio, alimentación, meditación, relajación, yoga y cualquiera que nos beneficie: todo ello nos ayudará a centrar y fortalecer nuestra energía para afrontar los meses más fríos.

            *Actitud positiva: La conexión entre los sistemas nervioso y endocrino es muy estrecha, pues nuestros pensamientos y emociones provocan la liberación de sustancias y hormonas que determinan nuestros niveles de energía, estados de ánimo y comportamiento, sensaciones de plenitud y felicidad o de vacío y depresión.

            Los pensamientos o emociones negativas y los estilos de vida acelerados y caóticos, contrarios a los ciclos naturales, inducen la producción de hormonas del estrés: adrenalina y cortisol, necesarias en situaciones de emergencia, pero perjudiciales si el estrés se mantiene de forma constante, en cuyo caso pueden producir extenuación, dolor físico, falta de concentración, problemas de memoria, agresividad, insomnio, bajada de defensas, incremento de alergias, empeoramiento del asma y sentimientos de fracaso, ansiedad y depresión.

           Los pensamientos y emociones positivas determinan la producción de hormonas que nos producen bienestar y satisfacción, como la oxitocina (también llamada hormona del amor), la serotonina, la dopamina y las endorfinas, denominadas también hormonas de la felicidad.

 

            SUPLEMENTACIÓN:

            *Una tanda de equinácea es una buena forma de reforzar y preparar el Sistema Inmunitario de cara al frío: podemos empezar en septiembre y mantener la dosis diaria hasta finales de octubre-principios de noviembre. Esta planta no se debe tomar más de 8 semanas seguidas.

            *Otra planta maravillosa es el tomillo, que actúa como estimulante general en casos de agotamiento, debilidad o depresión. Además es excelente para combatir los resfriados, pues es antibiótico, antitusígeno y expectorante. Por si eso fuera poco, es también excelente para combatir la indigestión y los gases. Basta hacer infusión con la hierba seca para obtener sus beneficios, y no tiene contraindicaciones. ¿Alguien da más?

            *No endulces las infusiones si quieres obtener todos los beneficios de las plantas: si quieres buen sabor puedes añadir una segunda hierba correctora del sabor, como anís verde, hierbaluisa, malva o menta.

            *Un buen suplemento que contenga las principales vitaminas y minerales puede ser útil en casos de debilidad y cansancio.

            *Suplementar con vitaminas D3 + K2 puede ser también buena idea para quienes, por su actividad, edad, estilo de vida o simplemente por vivir en climas muy fríos y lluviosos, no se expongan lo suficiente a los rayos solares durante los meses fríos. Para cubrir las necesidades de vitamina D de forma natural bastaría tomar el sol sin protección unos 10 minutos diarios en primavera-verano, o unos 35-45 minutos 3 veces por semana en otoño-invierno, con al menos el 20% de la piel expuesta, aunque estos tiempos pueden variar según la persona, su edad, tipo de piel y la estación del año. No te pases con el bronceado porque cuanta más melanina tenga tu piel más tiempo deberá exponerse al sol para producir la vitamina D necesaria. Tras el baño de sol no debemos lavar la piel con jabón durante al menos 48 horas, que son las que necesita la vitamina D para penetrar la piel y pasar al torrente sanguíneo. Además, aplicar jabón a diario en nuestra piel elimina la grasa de su superficie y altera su pH natural, predisponiéndola a enfermedades. Podemos aplicar jabón en axilas y genitales, lavando el resto simplemente con agua. Lo mejor para saber cómo están nuestros niveles de vitamina D es hacerse una analítica de sangre.

            *El hipérico ayuda en casos de ánimo bajo o depresión, pero ojo: es una planta que interfiere con muchos fármacos, como los antidepresivos, anticonceptivos, anticoagulantes, antiretrovirales y bastantes medicamentos. También puede agravar la hipertensión, producir fotosensibilidad y está desaconsejado durante el embarazo.

            *El ginseng es otra planta que puede mejorar mucho el tono vital cuando hay cansancio o astenia, pero hay que asegurarse que sea ginseng siberiano (eleuterococo), que está menos manipulado y tiene efectos más estables, pues el coreano (panax ginseng meyer) tiene bastantes contraindicaciones y, mal utilizado o dosificado, puede causar nerviosismo, insomnio y crisis de ansiedad.

            *Los remedios homeopáticos son también de gran ayuda para cualquiera de los trastornos típicos del otoño.

Bueno, espero que este artículo os ayude a entrar en el otoño con buen pie, y sobre todo disfrutádolo mucho!

¿Cómo prepararnos para el bajón otoñal?

Las típicas tormentas y variaciones bruscas de temperatura de finales de verano obligan a nuestro cuerpo y, más concretamente, a nuestro Sistema Inmunológico, a adaptarse rápidamente. Pero muchas veces no puede, porque durante el verano, con las vacaciones, viajes y el incremento de la actividad social, solemos relajar o variar nuestros horarios y hábitos. Por eso cada año el otoño nos pilla dispersos, descentrados, y aparecen los típicos resfriados, diarreas y “virus” que afectan al sistema digestivo…
Pero podemos hacer mucho más de lo que os creéis, ya que nuestra alimentación y estilo de vida juegan un papel clave en este asunto.
A continuación, una serie de consideraciones y pautas que os van a ayudar:

1º Ya no estamos en verano, sino en verano tardío: Vivimos en un clima templado de cuatro estaciones. Y es verdad, tenemos cuatro estaciones claramente diferenciadas. Pero existe una quinta estación, fácilmente identificable, entre el verano y el otoño, que en las culturas orientales se conoce como verano tardío. Se trata del período que va desde el final del mes de agosto hasta mediado el mes de octubre, cuando empiezan a producirse las primeras tormentas, notamos que el día se va acortando y las noches son más frescas. Es importante saber identificar y diferenciar esta estación, porque es la época ideal para reforzarse y preparar el cuerpo para el bajón del otoño.

2º El cuerpo tiene que empezar a calentarse y cerrarse un poquito para que el otoño no le pille frío y abierto (que es como está en verano debido al calor). Necesitamos centrar, calmar y estabilizar nuestro organismo, dejando atrás el ritmo más rápido, superficial y expansivo del verano.
Para ello, es importante empezar a eliminar los alimentos más típicamente estivales como frutas y verduras crudas, zumos, bebidas frías y ensaladas, que son depurativos y producen un efecto de apertura y enfriamiento del cuerpo, pasando a platos más consistentes y calientes. Más adelante damos pautas concretas en este sentido.

3º Tenemos que cuidar y reforzar nuestros sistemas digestivo e inmunitario, que son los que más esfuerzos de adaptación tienen que hacer en estos momentos: si queremos prevenir las típicas infecciones de las vías respiratorias y digestivas que al llegar el otoño afectan a tanta gente, tenemos que actuar ya, no esperar a tener encima el frío y la falta de luz. ¿Cómo prevenir los resfriados, diarreas, infecciones e inflamaciones varias de las vías respiratorias y digestivas típicas del otoño? A continuación damos las pautas:

Evitar el dulce artificial y todo lo refinado, que debilitan el estómago, el páncreas, los intestinos y el sistema inmunitario:

1º Azúcares rápidos, especialmente azúcar refinado y todos los alimentos que lo contengan, como chocolate, leche condensada, pastelería, galletas o helados. Estos alimentos elevan bruscamente el nivel de glucosa en la sangre, obligando al páncreas a segregar grandes cantidades de insulina, debilitando tanto el estómago y el páncreas como los intestinos, lo que repercute en una bajada de defensas (no olvidamos que una parte importante de nuestro sistema inmunitario está en la flora intestinal). Además, son acidificantes, con lo que provocan una pérdida importante de minerales, que el cuerpo cede de músculos, tejidos y huesos, para neutralizar la acidez; esto nos deja debilitados y destemplados.
En este apartado también se incluye la miel comercial (no la miel pura de abeja que no haya sido sometida a procesos industriales).
2º Harinas, sobre todo las harinas blancas, que al ser refinadas son de absorción rápida y por tanto también elevan bruscamente el nivel de glucosa en sangre. Además, al moler el grano se produce una oxidación y todo lo oxidado roba minerales al cuerpo. Los efectos son, por tanto, parecidos a los de los azúcares rápidos del apartado anterior.
3º Cereales refinados como pasta blanca y arroz blanco, que al estar refinado producen el mismo efecto de elevación brusca del nivel de glucosa en la sangre.
4º La nicotina de cigarrillos y otras drogas acabadas en “ina”: cafeína, teína, teobromina del cacao, resina del porro… que dañan gravemente el equilibrio de la glucosa y debilitan las defensas.

Apuntarse al dulce natural y a los cereales integrales:

El dulce natural de frutas y verduras, y la energía estable que proporcionan los cereales integrales estabilizan y centran nuestro cuerpo, mejorando todos los órganos digestivos y, de rebote, las defensas. Las pautas concretas son:

1º Sopas de verduras condimentadas con sal marina sin refinar, salsa de soja o miso: Remineralizan y calientan el cuerpo y abren el estómago, tanto si está contraído por el hambre como si hay falta de apetito, preparándolo para digerir alimentos más concentrados.
2º Cereales integrales, en especial el mijo, muy digestivo, y el arroz integral, que estabiliza: se recomienda comerlos A DIARIO para normalizar el nivel de glucosa.
3º Verduras redondas y dulces como calabaza, coliflor, col colinabo, cebolla y boniato.
4º Compotas de frutas cocidas con manzanas, peras, orejones, pasas, ciruelas pasas…
5º Frutas secas: ciruelas y albaricoques secos, pasas, higos, dátiles.
6º Castañas secas en guisos de legumbres o en postres.
7º Lentejas rojas, garbanzos, judías azuki (guisadas con calabaza y castañas) y guisantes secos.
8º Endulzantes naturales: mieles de cereales (arroz, trigo, cebada y maíz), algarroba y concentrado de manzana. Ocasionalmente, se puede usar azúcar integral de caña para hacer pasteles.
9º Estilos de cocción y recetas que refuercen y calienten: desde finales de agosto (enseguida que deje de hacer calor fuerte) podemos ir incorporando los siguientes alimentos y recetas: boniato a la plancha (en lonchas se hace en 5 minutos), calabaza en cremas o guisos, guisos de legumbres con castañas (ideal las azukis con calabaza y castañas), cremas de todo tipo (verduras, legumbres…), compotas de frutas, sopas y estofados de verduras, pastel de manzanas recién horneado… Es importante saber recrear el dulce natural de la tierra usando verduras dulces: remolacha, boniato, calabaza, castañas, cebollas… es lo que más refuerza las funciones digestiva e inmunitaria.
10º Equinácea: Esta planta medicinal es estupenda para dar un extra de refuerzo al sistema inmunitario. La gente se la suele tomar cuando ya tiene encima el “trancazo”, pero es mucho más útil como preventivo: nos tomamos la mitad de la dosis diaria recomendada, durante un máximo de ocho semanas. Es ideal tomarla los meses de septiembre y octubre, así noviembre nos pillará preparados.

6 Comentarios


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Isabel
18 septiembre, 2018 at 9:25 pm
Responder

Hola Rosa gracias por la información. Tengo una duda y no tiene que ver con el articulo.. peo quisiera saber si recomienda las limpiezas hepáticas con sales de Epson, aceite de oliva y pomelo y/o toronjas. Quisiera hacerlo pero tengo antecedentes de colon irritable y nosé si mi intestino asimile el aceite y cítricos. Gracias un abrazo.


    Rosa
    Rosa
    27 septiembre, 2018 at 12:42 pm
    Responder

    Hola Isabel,
    No las recomiendo porque son una ilusión.
    Me explico: todas esas piedrecitas es del todo imposible que salgan de una vesícula o del hígado. Su paso a través de los conductos biliar y hepático sería dolorosísimo!
    Las piedras que algunas personas expulsan durante la limpieza no son más que las propias sales de Epson ingeridas, emulsionadas en el duodeno por la bilis.
    Si la persona que hace la limpieza es sanguínea, es decir, de fuerte constitución y metabolismo poderoso, pues bueno, no pasa nada.
    Pero si se trata de alguien más “flojillo” o sensible puede ser muy contraproducente, incluso se podría debilitar la función hepático-biliar, o perjudicar algún otro órgano de eliminación, como por ejemplo el colon.
    En este mismo blog tienes varios artículos donde explico cómo limpiar el hígado de forma respetuosa, a través de la alimentación.
    Saludos cordiales.

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emilia
27 septiembre, 2018 at 11:41 am
Responder

GRACIAS por existir


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Belen
5 octubre, 2018 at 7:00 am
Responder

Muy buenas sugerencias


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Lara
30 octubre, 2018 at 9:32 am
Responder

Muchas gracias por el artículo Rosa!
por curiosidad, el tomillo es yin o es yang?

Un gran saludo


    Rosa
    Rosa
    30 octubre, 2018 at 9:48 am
    Responder

    Un placer Lara.
    Respecto al tomillo, depende de con qué lo compares:
    Es yin respecto a cualquier alimento de origen animal, puesto que es un vegetal.
    Es también yin respecto a los cereales en grano, que son lo más yang dentro del mundo vegetal.
    Pero es yang respecto a otras plantas aromáticas y/o medicinales, como por ejemplo la manzanilla, la flor de azahar, la hierbabuena, la menta o la malva.
    Y podríamos seguir con este juego de comparaciones indefinidamente, ya que, como ves, yin y yang son conceptos relativos.
    Un abrazo.

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